Quizás este prólogo no sea como debiera. Los de las novelas están escritos cuando ya se ha leído todo el texto, e incitan al lector a adentrarse en su lectura. Probablemente no sea el caso de éste que, irremediablemente, lo estoy escribiendo al principio porque no sé dónde está el final. Del mismo modo, sería impensable pedir a otro autor que lo escribiese, como suele ser habitual en muchas ocasiones.
Hace tiempo que no escribía nada medianamente largo. Estoy tan acostumbrado a esos pequeños párrafos para insertarlos en redes sociales, que escribir algo más de ciento sesenta caracteres me supone un gran esfuerzo. Algo así me ocurría con aquellas redacciones de EGB. Sí, soy de la vieja escuela. Es la misma sensación. Aún me recuerdo a mí mismo, paralizado, ante un enunciado imperativo como la mirada del maestro: “Haz una redacción de quinientas palabras sobre la vida de las primeras comunidades de hombres en el paleolítico”. Un momento, tiempo muerto, ¿quinientas justas o…? El truco que usaba para quitarme algunas palabras de ese conteo solía ser volver a escribir el enunciado con las mismas o con otras parecidas, y así me quedaba durante la eternidad del resto de la hora de Lengua. Ahí empecé a tener miedo al folio en blanco. Cabezazos en la mesa. Ahora, a la pantalla en blanco. Cabezazos en el teclado. Uno de los últimos textos (largos) que he escrito fue el guión de mi corto Candela. Veinte folios. Qué maravilla. Si me hubiera visto aquel maestro de mi infancia, alucinaría.

Por cierto, te voy a contar qué vas a encontrarte en este heterodoxo Diario de un Cineasta en Construcción. Cosas que ni te imaginas, cosas… que ni yo sé ahora mismo calificar ni clasificar…, probablemente luego tampoco. Historias de ficción, de no ficción, y de ficción y no ficción a la vez (flipa), unidas sin saber qué es real y qué no. Buah…! Personajes inventados. Personajes reales. Hechos que ocurrieron, o que me gustaría que hubieran ocurrido, y hechos totalmente ficticios. Esto no es un «basado en hechos reales», porque no lo es. Tampoco es un diario de sesiones ni un manual de cómo hacer un corto (aunque podría). En todo caso, son historias que pueden ser más o menos fieles a una realidad y/o que podría estar o no relacionada con mi vida. En cualquier caso, te pido que lo dejes fuera de toda exigencia narrativa, de toda temporalidad, de toda corrección ni verbal ni gramatical. Un texto informal que podrás estrujar para sacar tus propias conclusiones, tu empatía con el personaje principal (si lo hay), tu identificación (si surge), tu empatía (si se establece). Y, todo ello, escrito en modo caos medianamente organizado. Algo así como mi pequeña habitación de piso compartido en tiempos de estudiante o como mi mente en cualquier momento.
Bueno, bueno, bueno, no te lo vas a creer. Este texto tiene justo esas quinientas palabras que tanto me costaba alcanzar. Qué maravilla. Si me viera mi maestro…, alucinaría.